¿Cómo describiría la situación actual de la salud mental de las mujeres en Oriente Medio y Norte de África?
«La salud mental de las mujeres en la región de Oriente Medio y Norte de África sigue estando profundamente determinada por factores socioculturales, la inestabilidad geopolítica, las desigualdades de género y marcadas disparidades en el acceso a la atención. Cabe destacar que una revisión sistemática reciente de la OMS-EMRO muestra tasas excepcionalmente altas de trastornos mentales entre mujeres en entornos afectados por conflictos y crisis humanitarias en la región, con aproximadamente el 50 % experimentando algún trastorno mental, más del 40 % depresión, más del 65 % ansiedad y casi el 50 % trastorno de estrés postraumático. Estas cifras superan de forma significativa los promedios mundiales (Rabbani F, 2024).
La mitad de las mujeres de Oriente Medio y Norte de África afectadas por conflictos y crisis humanitarias tienen algún trastorno mental
En términos prácticos, estos elevados porcentajes reflejan una exposición prolongada a conflictos, desplazamientos, disponibilidad limitada de servicios y desigualdades estructurales de género, que en conjunto socavan el bienestar psicológico de las mujeres. Resulta especialmente preocupante la prevalencia de los trastornos de salud perinatal, con tasas que oscilan entre aproximadamente el 6 % y el 30 % en los distintos países de la región MENA (Middle East & North Africa) (Doraiswamy et al., 2020). En conjunto, estos datos sitúan a la salud mental perinatal como una prioridad crítica de salud pública en la región.
De cara al futuro, se espera que los retos se intensifiquen si no se abordan de manera urgente las brechas estructurales en la atención a la salud mental de las mujeres. Los desafíos futuros incluyen el agravamiento de las emergencias humanitarias, la ampliación de las brechas socioeconómicas y el estigma persistente que sigue obstaculizando el uso de los servicios. Los sistemas sanitarios de la región, ya sometidos a presión, continúan luchando con financiación limitada, escasez de personal e integración inadecuada e inconsistente de la salud mental de las mujeres en la atención primaria.
La evidencia subraya aún más las debilidades sistémicas, como la insuficiente coordinación intersectorial y la escasez de apoyo comunitario en salud mental para mujeres en situación de riesgo. Sin una inversión sustancial en estrategias de salud mental integradas, con perspectiva de género y adaptadas a las necesidades individuales, es probable que estos desafíos se agraven».